La fertilidad del suelo, la experiencia agrícola y la producción de azúcar han dado lugar a una identidad agrícola singular en la región de Valois. Durante dos siglos, la remolacha azucarera ha sido la reina indiscutible en la región de Oise, consolidándose como el cultivo estrella de Picardía. Su auge, sin embargo, no fue casual: fue superando rivalidades imperiales y estrategias geopolíticas que encontraron su lugar en nuestro paisaje.

A primera vista, el cultivo de la remolacha azucarera parece reciente en comparación con su competidora, la caña de azúcar. Frente a esta rival, cuyo cultivo se remonta a la China imperial, la remolacha tuvo dificultades para consolidarse. Sin embargo, desde la antigüedad, filósofos como Hipócrates describieron esta raíz atribuyéndole propiedades medicinales. No obstante, la investigación avanzó muy lentamente. En la Edad Media, el renombrado agrónomo francés Olivier de Serres reconoció el contenido de azúcar de la raíz, pero no logró encontrar un proceso de extracción eficiente. Fue solo 150 años después, en vísperas de la Revolución Francesa, que químicos alemanes desarrollaron un método de extracción de alta calidad. Entonces surgieron las primeras fábricas de azúcar de remolacha.

Las tensiones entre franceses e ingleses se agravaron desde principios del siglo XIX.e En el siglo XIX, la situación alcanzó su punto álgido durante la batalla de Trafalgar y la victoria naval de Nelson en 1805. Francia se tambaleaba: el éxito británico era total. Inglaterra consolidó su supremacía marítima y Napoleón intentó paralizar el comercio británico imponiendo un bloqueo continental. Pero las consecuencias no tardaron en hacerse sentir: los alimentos básicos, incluido el azúcar, escasearon. Sin embargo, la extracción de azúcar de la remolacha aún estaba en sus inicios. El químico alemán Marggraf había descubierto la extracción de azúcar cincuenta años antes, y el proceso fue perfeccionado gradualmente por químicos como Achard. Para paliar la escasez y la creciente demanda de la población, Napoleón impulsó la investigación para establecer una industria. Fue el químico francés Quéruel quien desarrolló la primera extracción industrial en 1811. Su empleador, Benjamin Delessert, inició la producción intensiva, y por este logro, ¡Napoleón le concedió la Legión de Honor!

En 1811, se exigió a la región de Oise que plantara 300 hectáreas de remolacha azucarera. El cultivo experimentó un crecimiento prometedor y se consideró una revolución agrícola. La región de Valois se consolidó rápidamente como pionera gracias a sus mesetas calcáreas fértiles y bien drenadas. Estas ventajas impulsaron el desarrollo de la industria local: los ingenios azucareros de Vauciennes y Beaurain-Trumilly dejaron su huella en el paisaje valoisiano. Posteriormente, la llegada del ferrocarril facilitó el desarrollo del comercio y configuró una importante producción local hasta los albores del siglo XXI.e siglo. Aunque estas dos fábricas de azúcar hayan cerrado sus puertas, su historia permanece grabada en la memoria local y la cultura de la remolacha perdura, dando testimonio del vínculo entre la agricultura, la industria y los Valois.

  • Superficie: 8.500 hectáreas
  • Características específicas: fábrica de azúcar, refinería, destilería, planta de procesamiento de pulpa de remolacha, producción de pulpa prensada y deshidratada.
  • Número de macetas: 290
  • Capacidad:
  • 8.000 toneladas/día de remolacha azucarera
  • 650 t/día de azúcar granulada
  • 280 t/día de pulpa deshidratada
  • Personal permanente: 143
  • Personal de temporada: 48

En otoño, cuando los campos se llenan de raíces, agricultores e ingenios azucareros inician una carrera contrarreloj: cosechar, cargar y transportar la remolacha a los ingenios vecinos. La historia de la remolacha azucarera en el Valois es, por tanto, doble: una historia de tradición y una historia de personas. El legado de estos ingenios azucareros simboliza el éxito industrial y la evolución del paisaje, mientras que los testimonios de antiguos trabajadores y agricultores resuenan con la memoria colectiva. Pero la historia no termina aquí. Continúe leyendo para descubrir cómo este tubérculo ha moldeado la economía del Valois.