El Valle de Automne toma su nombre del río homónimo y tiene su nacimiento cerca de Villers-Cotterêts. Recorre 35 kilómetros el cantón de Crépy-en-Valois antes de desembocar en el Oise aguas arriba de Verberie.

Este río serpentea por un valle rural, ofreciendo paisajes de campos de trigo, prados, marismas y choperas, mientras pasa por pintorescos pueblos.

El río Automne ha excavado un valle espectacular al atravesar los bancos de piedra y luego las capas subyacentes de arena y arcilla del Cuisien. Este fenómeno geológico dio origen a lo que los expertos llaman un “valle de cañón”, con sus paredes escarpadas e impresionantes. Este excepcional marco natural confiere al valle un carácter único en la región.

La proximidad del Oise, vía fluvial que conduce a París, así como la riqueza del suelo, la presencia de agua y la proximidad de los bosques, favorecieron el rápido y temprano desarrollo del Valle de Otoño. Estas condiciones favorables explican la aparición y proliferación de numerosos pueblos a lo largo de su trazado, configurando la fisonomía económica de la comarca a lo largo de los siglos.

Conocido como el «valle de los 35 campanarios», el Valle de Otoño está marcado por un rico patrimonio religioso.

Paseando por sus calles, el visitante puede admirar iglesias, ermitas y abadías románicas y góticas que aparecen a la vuelta de la esquina de cada pueblo. Estas iglesias, construidas principalmente en el siglo XIIe siglo, son obra de canteros, albañiles y canteros que dieron al valle un carácter singular. El Valle del Otoño es también un lugar de memoria histórica, donde ruinas galorromanas, abadías medievales, mansiones y castillos conviven en armonía con la naturaleza circundante. 

Sitios emblemáticos como el Ruinas galorromanas de Champlieu, elAbadía de Morienval, elAbadía del lugar restaurada y el Vez Dungeon dan testimonio de la importancia del valle a través de los siglos.

Mientras exploran el Valle de Otoño, los visitantes pueden tomarse el tiempo para detenerse en los numerosos pueblos pequeños, admirar sus iglesias y, con un poco de suerte, escuchar el sonido de las campanas que aún suenan en estos pueblos históricos. Es una auténtica inmersión en el pasado, a través de paisajes bucólicos y naturaleza virgen.

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